Empezar Bien el Día

Noticia publicada: 31 de 31 de 08 09:16:51

Estas prácticas sirven para llenarse de buenas vibraciones cuando uno se levanta de la cama a fin de que el resto de la jornada dé de sí lo que deba dar. En cada coso, una técnica física y un afirmación que, de ser repetida varias veces potenciará estos efectos positivos.


Se sabe, hay días y días…, esos en que no es nada sencillas levantarse con fuerza y ganas de cumplir con todas las obligaciones que el mundo de hoy nos exige. Sin embargo, esa cantidad de tareas tendrán que ser realizadas de una manera u otra.


¿Qué mejor, entonces, que programarse para lograr una mejor disposición que lo ayude a terminar con esas “asignaturas” rápido, sin que le consuman la mayor parte de su fuerza vital?
Los ejercicios que le presentamos para recuperar sus buenas vibraciones energéticas se componen de una instancia física y otra emocional. Así, podrá revitalizar su cuerpo con movimientos específicos y estimularse para hacer aquello que no lo entusiasma con afirmaciones de autoconfianza.

 

Los Momentos más propicios para practicar.


Si bien estos ejercicios están pensados para ser realizados al levantarse de la cama, también se puede hacer en cualquier momentos del día en el que se sienta un descenso abrupto de energía, haya tenido un complicación de último mementos o crea que, en esas condiciones , no llegara a terminar bien el día.


Su cuerpo y su mente le pedirán que de una forma imposible de confundir, esos cinco minutos de conexión y de equilibrio consigo mismo.

 

Serie de cuatro pasos para revitalizar sus vibraciones positivas.

 

  • Ducha alternada de Calor-Frío: Si pude parecer una opción casi obvia, pero son pocos los que toman una ducha con estas características, que relaja, pero, también, tonifica y energiza la piel y los sentidos.
    • Dúchese como siempre, con agua caliente, pero sin llegar a quemarse.
    • Luego, emplee el rociador o alguna otra modalidad de ducha, para terminar su baño con agua fría.
  • Visualice el día que comienzo:
    • Siéntase en un lugar tranquilo, donde sepa que no será molestado. Debe estar en una posición cómoda y relajada, con la espalda recta, pero sin tensión.
    • Cierre los ojos y respire hondo, inspirando y exhalando por la nariz.  Imagine el desarrollo de sus actividades y mírese en esa “película” que usted mismo proyecta, realizando esas tareas.
    • Indague sobre su estado de  ánimo y envíese fuerzas y entusiasmo  para termina con todo lo que se propone. Visualice como la energía llega a su cuerpo.
    • Una vez completado el ejercicio levántese y realice la primera tarea del día.
  • Puesta en marcha de la receptividad:
    • De píe con los pies paralelos y separados, siguiendo el ancho de su espalda, flexiones las rodillas y respira hondo, procurand que el aire le entre y salga por su nariz. Manténgase en esta posición durante un minuto.
    • Deje caer su torso hacia el suelo y cruce sus brazos por delante, de tal manera que sus manos toquen el suelo. Siga inspirando y exhalando por la nariz.
    • Vuelva a incorporarse con suavidad y lentitud, desde la cintura a los hombres, que deberá ser lo último que quede en posición vertical. Continúe con las rodillas flexionadas. Cuando este de pie de nuevo levante sus brazos y crúcelos sobre su cabeza. Quédese en posición vertical. Continúe con  las rodillas flexionadas.
    • Cuando este de píe de nuevo, levante sus brazos y crúcelos sobre su cabeza. Quédese en esa posición por dos minutos.
    • Descruce sus brazos y manténgalos en alto, como si sostuviera una gran pelota. Los codos y las rodillas deben de estar flojos y las palmas de las manos enfrentadas.
    • Con lentitud, vuelva a bajar el torso hacia el suelo, manteniendo los brazos estirados y sobre la cabeza. Comience a espirar por la boca y vuelva a bajar el toroso hacia el suelo con los brazos separados y flojos. Incorpórese y repita todo el ejercicio dos veces más.
  • Respiración integradora:
    • De pie, coloque las piernas los pies de forma paralela, algo separados entre sí. Mientras, mantenga las rodillas algo flexionadas.
    • Al mismo tiempo entrecruce los dedos de las manos y en esa posición, llévelos hacia la nuca, al tiempo que realiza una inspiración profunda.
    • Retenga el aire en los pulmones y  mientras tanto, apriete una palma contra la otra, de tal manera, que consiga poder abrir y flexibilizar su caja torácica lo más posible.
    • Repita el ejercicio, pero, esta vez, suelte el aire en lugar de inhalarlo.
    • El ejercicio debe ser repetido tres veces seguidas, una vez con una inspiración y otras tres con espiración, de forma alterada.  Es decir, inspire y exhale tres veces seguidas;  y repita todo este procedimiento otras dos o veces seguidas más.

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